jueves, 19 de mayo de 2016

LA INTEGRACIÓN DEL ANIMA- ANIMUS


LA INTEGRACIÓN DEL ANIMA- ANIMUS

En la Psicología Analítica de Carl Gustav Jung , Ánima significa en latín alma, alude a
las imágenes arquetípicas de lo eterno femenino en el inconsciente de un hombre. El
Animus son las imágenes arquetípicas de lo eterno masculino en el inconsciente de una
mujer. Las cuales forman un vínculo entre la consciencia del yo y el inconsciente
colectivo potenciando el camino hacia el sí mismo y el proceso de individuación. El
entiende que estas figuras son complejos funcionales que se comportan de manera
compensatoria de la personalidad externa, esto es, como si fuesen personalidades
internas con las características faltantes en la personalidad consciente y manifestada .En
un hombre, se trata de características femeninas; en una mujer masculinas.
Normalmente ambas están siempre presentes, en cierto grado, pero no encuentran un
lugar en la función externa de la persona porque perturbarían su adaptación al medio, o
la imagen ideal que se tiene de sí mismo.
La sizigia ánimus-ánima, o contrapartes sexuales inconscientes, están proyectadas.
Camino que sería francamente difícil si no pudiéramos recapitular estos dos
conocimientos que siendo similares y a la vez complementarios saben conjugar la
palabra alma en mayúsculas y en su más alto estadio de la comunicación entre hombres
y mujeres. Casi sin ser totalmente conscientes de la interacción e influencia arquetípica
del Anima en el hombre y el Animus en la mujer, esta juega en un importante papel en
el desarrollo del individuo para su grado de autoconocimiento siempre hacia el alma
verdadera del ser.
Jung en su Corpus teórico para el desarrollo del ser humano al que llamó proceso de”
individuación”, el cual decía que no cesaba de formarse en el transcurso de la vida,
realizó un gran estudio sobre las partes internas masculinas que poseen las mujeres y los
aspectos femeninos que poseen los hombres. Para Jung, la persona hace de
intermediario con el mundo social y el ánima con el mundo interior La tendencia natural
en un hombre es la de proyectar los contenidos de su ánima en una mujer real, a través
de sentimientos amorosos u odiosos eróticos. La tendencia natural en una mujer es la de
proyectar los contenidos de su ánimus en un hombre real, a través de sentimientos
amorosos u odiosos espirituales.
La figura del ánima aparece muchas veces en la literatura, pintura y escultura.
Representadas por la mitología de las Diosas y grandes imágenes de desnudos
femeninos, además de contenidos directamente eróticos o sexuales con una fuerte carga
de sugerencia psicológica, al explicar contenidos inconscientes inasibles de otra manera.
Las figuras ánimus no son representaciones de hombres concretos, sino fantasías
revestidas de necesidades y experiencias de naturaleza emocional. Algunas figuras
ánimus características son las figuras paternas, hombres famosos, figuras religiosas,
figuras idealizadas, jóvenes y figuras de dudosa moral.
Las dificultades vitales encontradas generalmente en una mujer derivan de la
identificación inconsciente con el ánimus, o de su proyección en la pareja, lo que genera
un sentimiento de desilusión respecto de la persona real.
Sin embargo, el carácter de estas figuras no está determinado solamente por las
características sexuales latentes que representan, está condicionado por la experiencia
que cada persona ha tenido en el curso de su vida con representantes del otro sexo, y por
la imagen colectiva de la mujer que lleva en su psiquis el hombre individual, y la
imagen colectiva del hombre que lleva la mujer. Estos factores se unen para formar algo
que no es exclusivamente una imagen ni tampoco solamente experiencia, sino que es
una entidad cuya actividad no está coordinada orgánicamente con las otras funciones
psíquicas. Se conduce como si tuviese sus propias leyes, interfiriendo en la vida del
individuo como si fuese un elemento ajeno; a veces, esta interferencia es útil, a veces
perturbadora, en otras realmente destructivas. Tenemos por lo tanto muchas razones
para preocuparnos por estas entidades psíquicas y llegar a comprender de qué manera
ejercen su influencia sobre nosotros.
Del mismo modo que para el hombre ante su anima, la evolución de la mujer se
realiza mediante la exploración de toda su dimensión masculina inconsciente por medio
de las representaciones que se modifican conforme a su propio desarrollo.
Cuanto más inconscientes son las tendencias del anima o del animus, más "poseen" al
yo e influyen en todas las relaciones con el otro: así, tal hombre suele vincularse con el
mismo tipo de mujer, y tal mujer con el mismo tipo de hombre, a pesar de los sinceros
esfuerzos para cambiar de esquema.
Se trata de un vínculo de fascinación que, si bien posibilita la relación con un
compañero del otro sexo, la mantiene en cierta confusión entre el anima y la mujer de la
realidad, y entre el animus y el hombre de la realidad. Esto explica gran número de
desilusiones y de decepciones, especialmente cuando la realidad cotidiana le gana la
partida lo que era proyectado en el seno de la pareja, del anima del hombre y del animus
de la mujer. En la mayoría de los casos, cada cual acusa al otro de haber cambiado o de
haber disimulado al otro su verdadera naturaleza. Se plantea entonces una relación de
proyecciones recíprocas que puede volverse muy conflictiva. Por el contrario, si cada
cual tiene la valentía de superar esta decepción para retomar por su cuenta los elementos
proyectados, la pareja puede volver a empezar sobre nuevas bases.
El encuentro con su sombra obliga a la mujer a tomar distancia con respecto a su
Animus. Antes bien, lo que conduce al hombre a abrirse al anima es la toma de
conciencia de la influencia de su persona. En nuestra sociedad, la mujer ha tenido que
identificarse con su Animus para afirmarse, con frecuencia a expensas de su feminidad.
Por el contrario, el hombre muestra más bien tendencia a rechazar sus condicionantes
femeninos para identificarse con un modelo social masculino más o menos
caricaturesco.
El distanciamiento de las proyecciones del anima o del animus se produce por
diferenciaciones sucesivas de las imágenes parentales del yo, de los modelos colectivos
insertos en la persona y por la disminución de las proyecciones sobre el prójimo: tal es
la diferenciación del anima en la mujer, y del animus en el hombre.
Y mediante el distanciamiento y mediante la relación con su propia anima/animus, el
hombre y la mujer integran su capacidad de vinculación, de palabra y de encuentro.
La relación se vuelve positiva y la maduración del psiquismo llega a realizarse
conforme a su propia forma de sentir.
El ánima no es el alma en el sentido religioso, como algo puramente inmaterial, pues
tiene una función mental. El ánima y el ánimus, cumplen cinco leyes (Daco, 1985):
• 1º. Todo sujeto tiene cualidades masculinas y femeninas inconscientes. La
individuación aporta un equilibrio al hombre y mujer que integra adecuadamente
los aspectos de su personalidad oculta (la sombra). Un hombre equilibrado es a
la vez activo y flexible, racional e intuitivo, posee ternura y dureza, es agresivo y
acogedor, etc. Igualmente obraría para una mujer equilibrada.
• 2º. Las cualidades masculinas y femeninas cuando se encuentran proporcionadas
llevan al equilibrio y la salud mental.
• 3º. El ánima y el ánimus son aspectos de la "sombra" del inconsciente.
• 4º. Todo lo que no está integrado en la mente, incluido el ánima y el ánimus,
corre el riesgo de ser proyectado para bien o para mal. El enamoramiento es un
ejemplo de cómo proyectamos nuestra ánima o ánimus en el ideal o imagen del
hombre o mujer ideal de nuestros sueños. Otro ejemplo serian las proyecciones
de la imagen del padre a través del arquetipo del padre supremo (Dios) que
puede ser proyectado en imágenes de castración, autoritarismo, culpabilidad,
etc., hacia el propio padre o como se vive una religión concreta.
• 5º. Si la represión (ontológica) se transforma en consciente cesa la proyección y
sus aspectos pasan a ser integrados.

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